30. 11. 2009 - Foto nº 18
Lázaro - Wosaukane
El pie de esta foto parece fuera de sitio: una mujer tan guapa y se llama Lázaro! La foto es del año 87, y está tomada en Carmel. Era un lunes por la mañana cuando vimos que se acercaba al lugar una mujer joven, bien vestida, y con un saco en la cabeza. Tras los saludos de rigor nos explicó que ella cuidaría de los tres frailes de Carmel – y sin más explicaciones nos regaló el saquito con unos 10 kilos de alubia fresca. Al preguntarla por su nombre, contestó sin titubeos: “Ndine Lázaro, wosaukane” * “Pobrecilla de mí, soy Lázaro.”
Nuestra casa de oración, Carmel, se inauguró el 15 de octubre del 82. Desde entonces han desfilado por Carmel personajes inolvidables, como el buen Mlombe, que trabajó de peón con Rezola desde el 81 y sigue manejando todos los hilos del lugar. Cocineros como Mikael, y el actual que se pasa las horas de trabajo tatareando cantos religiosos. Levi, el de la cara triste, pastor de vacas, cerdos, gallinas y conejos. Ellos sí hubieran merecido un hueco en este albun, y sin embargo sólo dos extraños del lugar aparecen en las fotos: Lázaro y Filemoni.
Las visitas de Lázaro se multiplicaban y eran variopintas. Aparecía cada 3 ó 4 días, y su presencia deparaba siempre alguna novedad: dos gallinas, un balde de cacahuetes, hasta un plato de nsima, preparada por ellas misma…El misterio persistió hasta que un atardecer apareció por casa un señor, era el marido de Lázaro. El hombre, algo asustado, nos contó que eran una familia presbiteriana con 3 hijos, vivían al lado de la carretera Lilongwe-Kasungu. “Mi mujer – decía – es un encanto de persona, pero últimamente sufre un extraño trastorno mental. Una especie de locura, que afortunadamente, desaparece después de unas semanas.”
Se despidió muy agradecido, diciéndonos que recibiéramos todo lo que nos trajera su mujer: “si trae algo comprometido, lo recibís también, vendré yo a recogerlo al anochecer cuando ella se retira a descansar.”
En una de sus visitas la loca se enteró de que nuestras gallinas habían contraído la enfermedad del “chikhunku,” plaga incurable. Era insoportable ver a las gallinas, tumbadas por los rincones – sin poder moverse – alargando el cuello en busca de algo que comer. “No las matéis, nos dijo ella, mañana buscaré yo la medicina.”
Dicho y hecho, a las 6 de la mañana apareció Wosaunake con una especie de tronco redondo en la cabeza. Se trataba de una raíz – de forma de una cazuela. Puso agua en ella para que bebieran las gallinas… y no murió ni una sola.
En otra de sus visitas entró derecha a la sala de estar. Cuando fui a saludarla me dice a bocajarro:
- Quiero que me des un hijo blanco
- Pero, Lázaro, yo no tengo hijos ¿cómo puedo darte uno?
- Es muy fácil – contestó ella con naturalidad – lo hacemos entre tú y yo!
- Pero mira, Lázaro- que yo no sé cómo hacer un niño!
- Es muy fácil, contestó de nuevo, ya te enseño yo…
Y con todo el desparpajo del mundo comenzó a levantarse la falda.
Paré sus preparativos, convenciéndola de que dejáramos el asunto para otro momento.
A los pocos días nos visitó su marido, se sentía feliz pues su mujer había vuelto a sus modos normales.
Sabino Goicolea