7/2/10 Domingo quinto del tiempo ordinario (Lc 5, 1-11)
7/2/10 Domingo quinto del tiempo ordinario (Lc 5, 1-11)
La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios.
La gente disfruta escuchando a Jesús. Jesús disfruta hablando a la gente. El único que no disfruta es Simón. Se ha pasado la noche trabajando en vano y está cansado y tristón.
Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Esto no se lo esperaba Simón. Que todavía es Simón. Porque nada sustancial ha cambiado en él. En su respuesta llama a Jesús MAESTRO. Al final del episodio le llamará SEÑOR.
En Simón está plasmado el itinerario de la fe. Primero, Simón obedece; sin convencimiento ni entusiasmo. Un pescador sabe que la pesca se hace de noche. Así que lo que suceda será responsabilidad única y exclusiva de la palabra de Jesús: Por tu palabra, echaré las redes. Qué bueno asumir como propias estas palabras de Simón. Como panacea universal. Para mi vida de oración, para mi vida de apostolado, para mis relaciones, para todo.
Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Simón ha experimentado algo portentoso. Ha sido una luz que ha invadido lo más profundo de su persona. Ha sido la manifestación del tremendo y fascinante misterio de Dios en Jesús. Y todo, desde el seguimiento de su palabra. Desde este momento, Simón será Pedro. Es otro. Ya no trata a Jesús de MAESTRO, sino de SEÑOR.
No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
No temas. Jesús invita Pedro a no apesadumbrarse sabiéndose pecador. Sabiéndose pecador lo va a tener más fácil; podrá comprender mejor el mensaje del perdón y del amor.
San Ambrosio habla de la CASTA MERETRIZ, refiriéndose a la Iglesia. La Iglesia es, la Iglesia somos, santos; porque vivificados por el Espíritu de Jesús. La Iglesia es, la Iglesia somos, pecadores; porque nos resistimos a ese Espíritu y nos alejamos del Evangelio. El pecado y al santidad están en todos, desde los pastores hasta las ovejas. Todos necesitamos confesar, como Pedro, nuestro pecado. Nada de tratar de presentarnos, ni siquiera como institución, como inmaculados e irreprochables.