5/2/10 Viernes de la cuarta semana (Mc 6, 14-29)
5/2/10 Viernes de la cuarta semana (Mc 6, 14-29)
Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
Este relato de Marcos es parecido al de Mateo, 14. Pero el contexto es diferente. Marcos sitúa la muerte del Bautista después de la misión de los Doce y antes de que regresen a Jesús.
Todos los que le rodean saben que Jesús es una persona extraordinaria. Unos piensan que es Elías; otros, que uno de los grandes profetas del pasado. Incluso la predicación de los discípulos continuará por esos cauces. Nadie, absolutamente nadie, ve a Jesús como una persona que rompe totalmente con el pasado. Eso es demasiado, incluso para el más fervoroso de sus discípulos.
Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates.
Es una escena elocuente. Resulta sencillo aplicarla a nuestros tiempos; mejor, olvidando el sexo de cada uno de los intérpretes del drama.
Herodías, la persona farandulera que se aprovecha de la debilidad del poderoso para conseguir sus fines.
La hija de Herodías, la niña utilizada por su madre.
Herodes, el que detenta el poder; el que, dominado por el poder, se convierte en títere de su entorno. Sin solidez en sus principios. Aunque Marcos deja ver que tenía sus buenos sentimientos. Tiene, incluso, una vena religiosa; y su conciencia sigue viva. Herodes, o los sueños grandiosos y las realidades mezquinas. Todos, en mayor o menor grado, podemos vernos en el espejo de Herodes. Si Jesús está conmigo, soy capaz de lo mejor. Si me alejo de Él, de lo peor.
Me aplico el consejo de Jesús: Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mc 14, 38).