Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos

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¡Releamos a Teresa de Jesús! Cap. 40

¡Aprendamos a nutrirnos cotidianamente de su palabra y a gozar de su compañía!

Hemos llegado al último capítulo del Libro de La Vida de Teresa de Jesús. Ella nos ha ido acompañando y animando nuestra lectura y creo que en muchas ocasiones nuestra vida.

Así este Capítulo 40 “prosigue en la misma materia de decir las grandes mercedes que el Señor la ha hecho. De algunas se puede tomar harto buena doctrina, que éste ha sido, según ha dicho, su principal intento, después de obedecer: poner las que son para provecho de las almas. Con este capítulo se acaba el discurso de su vida que escribió. Sea para gloria del Señor, amén”.

Volvemos a presenciar en este capítulo una estructura homogénea con los capítulos anteriores, primero tres experiencias místicas personales (nn. 1-11); añade gracias místicas relativas a otras personas (nn. 12-17); y termina el capítulo con unas instantáneas sobre el momento presente de su vida (nn. 18-22) y todo ello lo escribe en “este rinconcito tan encerrado” (21).

Las tres gracias místicas personales, Teresa experimenta una vez más la Verdad de Dios, ve la propia alma como un reflejo del misterio de Cristo y por último experimenta la inmensidad de Dios y su presencia misteriosa en todas las cosas.

Así nos dirá ella “vínome un arrebatamiento de espíritu de suerte que… se me dio a entender una verdad que es cumplimiento de todas las verdades” (1). La experiencia sigue en la que vuelve a entender “porque todo el daño que viene al mundo es de no conocer las verdades de la Escritura con clara verdad… ¡Ay, hija, qué pocos me aman de verdad! Que si me amasen, no les encubriría Yo mis secretos” (1).

Ella misma nos dirá la importancia de esta experiencia y de esta verdad que ha descubierto “Este Verdad que digo se me dio a entender, es en sí misma verdad, y es sin principio ni fin, y todas las demás verdades dependen de esta Verdad, como todos los demás amores de este amor, y todas las demás grandezas de esta grandeza” (4).

La segunda gran merced es cristológica (nn. 5-6). Nos narra ella “estando una vez en las Horas con todas, de presto se recogió mi alma y parecióme ser como n espejo claro toda… y en el centro de ella se me representó Cristo nuestro Señor, como le suelo ver. Parecíame en todas las partes de mi alma le veía claro como en un espejo… diósele a entender que estar un alma en pecado mortal es cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro, y así no se puede representar ni ver este Señor, aunque esté siempre presente dándonos el ser” (5). El fruto de esta visión además de lo expuesto en este número nos dirá en el número 6 “para enseñarse a considerar al Señor en lo muy interior de su alma, que es consideración que más se apega, y muy más fructuosa” (6).

Pero Teresa no se contenta sólo con esta relación y en los números 9 al 11 nos va a hablar de la relación de inmensidad entre Dios y la Creación. Teresa comienza a decir las dificultades que tiene para expresar toda esa experiencia y que no sabe si sabrá darse a entender, pero la visión trata “digamos ser la Divinidad como un muy claro diamante, muy mayor que todo el mundo, o espejo…. Y que todo lo que hacemos se ve en ese diamante, siendo de manera que él encierra todo en sí, porque no hay nada que salga fuera de esa grandeza” (10).

Teresa continúa el capítulo narrándonos otras muchas experiencias, esta vez de personas alrededor suya o incluso con relación a una Orden y los frutos que el Señor derramará sobre ella. “Estas mercedes y otras muchas ha hecho el Señor y hace muy continuo a esta pecadora, que me parece no hay para qué las decir” (17).

Pasamos a los últimos números de este capítulo y del Libro de La Vida, en ellos encontramos algunas pinceladas de los rasgos de la autora.
A nivel espiritual nos dirá “siempre, en todas las cosas, me aconsejaba este Señor, hasta decirme cómo me había de haber con los flacos y con algunas personas. Jamás se descuidaba de mí” (19).

“Algunas veces estoy fatigada de verme para tan poco en su servicio y de ver que por fuerza he de ocupar el tiempo en cuerpo tan flaco y ruin como el mío, más de lo que yo quisiera” (20).

Teresa nos vuelve a mostrar en estas últimas líneas sus momentos oscuros y nos dice: “otras veces estoy de manera, que ni siento vivir ni me parece tengo gana de morir, sino con una tibieza y oscuridad en todo” (21).

Por último unos retazos de sus ansias “Señor, o morir o padecer: no os pido otra cosa para mí” (20); “hame dado una manera de sueño en la vida, que casi siempre me parece estoy soñando lo que veo” (22); “de esta manera vivo ahora, señor y padre mío. Suplique vuestra merced a Dios, o me lleve consigo, o me dé cómo le sirva” (23).

Podemos afirmar que los número 23 y 24 constituyen como un epílogo, aunque no es resumen, es un diálogo con si interlocutor García de Toledo, con algunas recomendaciones, que suplique a Dios por ella, que lo escrito le aproveche a él, que pase el manuscrito a otros tres lectores, recordando también que todo ha sido “obedecer y por mí se alabase algo a Dios” y que ella lo ha escrito “con toda llaneza y claridad que yo he podido”.

Las ediciones nos presentan una pequeña carta, que se supone va dirigida también a García de Toledo, con las instrucciones precisas y recordando ella “no había acabado de leerlo después de escrito, cuando vuestra merced envía por él. Puede ser vayan algunas cosas mal declaradas y otras puestas dos veces; porque ha sido tan poco el tiempo que he tenido, que no podía tornar a ver lo que escribía” (2).

Sí termina Teresa su libro, entregándolo deprisa y corriendo, en cambio nosotros hemos tenido y tenemos la posibilidad de leer y releerlo para degustar sus palabras y sobre todo para como ella descubrir que lo principal de nuestras vidas “se halla dentro de sí”.

Gracias por acompañarnos en esta lectura Teresiana a lo largo del Libro de la Vida y continuaremos con la lectura de Teresa y su Libro Camino de Perfección a partir del lunes 18 de octubre.

Feliz Verano.

Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010