Esta semana nos acercamos al capítulo 39 del Libro de la Vida de Teresa en el “prosigue en la misma materia de decir las grandes mercedes que le ha hecho el Señor. Trata de cómo le prometió de hacer por las personas que ella le pidiese. Dice algunas cosas señaladas en que le ha hecho Su Majestad este favor”.
El relato se limita a acumular episodios sin orden, parece más bien una conversación improvisada a base de recuerdos. “Es en tantas veces las que he escrito estas tres hojas y en tantos días, como he dicho y poco lugar, que se me había olvidado lo que comencé a decir” (17) Podemos situar pues este capítulo a finales del año 1565, estando Teresa ya en san José, arropada por el pequeño grupo de religiosas de San José.
Podemos, una vez más distinguir tres partes, los números 1 al 7 en el prosigue con el tema de las mercedes, los números 8 al 16 una digresión doctrinal y por último los números 17 al 27 que vuelve a tratar sobre las mercedes y las “verdades vistas”
Así en los primeros números nos va a hablar de algunos episodios de mercedes con algunas personas, con el convencimiento de ser escuchada por el Señor, “que Él me prometía que ninguna cosa le pidiese que no la hiciese, que ya sabía Él que yo no pediría sino conforme a su gloria” (1). Así se suceden diversos episodios a lo largo de los primeros números.
A partir del número 8 comienza una digresión, comienza evocando a su maestro celestial: “muchas cosas de las que aquí escribo no son de mi cabeza, sino que me las decía este mi maestro celestial” (8), esto hace elevar su oración, pidiéndole perdón, pues nosotros a veces distorsionamos sus palabras (9), para después comenzar a recordar una idea clave de Teresa: “Él da a quien quiere, y aun a quien mejor se dispone” (11), así le da pie a mostrar las mercedes que el Señor ha hecho a aquellas jóvenes de san José, que en poco tiempo las ha avanzado en el camino espiritual “avergonzada, por que lo que Su Majestad no acabó conmigo en tanta multitud de años…, lo acaba con ellas en tres meses, y aun con alguna en tres días…” (11).
Esa libertad del señor a la hora de actuar, le lleva también a hablar hacia los directores de almas, que a veces más que abrir alas, se encargan de frenar entusiasmos, “a los que vuelan como águilas, los hacen andar como pollo trabado” (12). Una vez más nos insiste que en el camino de la oración lo importante es la determinación y las obras “¡bienaventuradas las personas que os sirven con obras grandes!” (13). De repente nos hace historiaron el recuerdo de la llegada del Breve de Roma “para no tener renta este monasterio” (14), aspecto importante en la Reforma y Teresa hace como balance de todo lo ocurrido, y descubre que todo se ha hecho con y por la ayuda de Dios y la concurrencia humana no ha sido de ayuda (15-6).
La tercera parte nos presenta de nuevo diversas mercedes y visiones “vime estando en oración en gran un campo a solas… En fin, yo no podía salir por ninguna parte sin que se me pusiese a peligro de muerte y sola, sin persona que hallase de mi parte” (17). Los números 20 y 21 nos muestran otra visión con el recuerdo de las Palabras de Jesús “Ya eres mías y Yo soy tuyo” con su respuesta “las que yo siempre tengo costumbre de decir, y a mi parecer las digo con verdad, son ¿qué se me da, Señor, a mí de mí, sino de Vos?” (21). Los números 23 y 23 nos presentan algunas gracias entorno a sus ansias de comulgar, “vienenme algunas veces unas ansias de comulgar tan grandes, que no sé si se podrá encarecer” (22). Teresa se compara con el Ave Fénix, que resurge de sus cenizas, para recordar que “así queda hecha otra el alma después con diferentes deseos y fortaleza grande… Buena comparación has hecho; mira no se te olvide para procurar mejorarte siempre” (23).
Termina el capítulo con las visiones de la Trinidad (25) y de la Ascensión de la Reina de los Cielos (26), el fruto de ambas “esme de mucho contento” (25) y al mismo tiempo de compromiso “Quedé con grande efectos, y aprovechóme para desear más pasar grandes trabajos, y quedóme gran deseo de servir a esta Señora, pues tanto mereció” (26).
Que también nosotros movidos por la experiencia de Teresa y mirando a nuestra Madre la Virgen del Carmen cuya fiesta estamos a punto de celebrar nos movamos s servir a Jesús en nuestros hermanos y hermanas.
Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010