Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos

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¡Releamos a Teresa de Jesús! Cap. 38

¡Aprendamos a nutrirnos cotidianamente de su palabra y a gozar de su compañía!

Ya hemos comenzado el mes de julio, mes dedicado a la Virgen del Carmen, ¿Qué nos dice Teresa de ella? “Parezcámonos, hijas mías, en algo a la gran humildad de la Virgen Sacratísima, cuyo hábito traemos, que es confusión nombrarnos monjas suyas; que por mucho que nos parezca nos humillamos, quedamos bien cortas para ser hijas de tal Madre y esposas de tal Esposo” (C 13,3).

Acerquémonos a uno de los últimos capítulos de nuestro libro el número 38 “en que trata de algunas grandes mercedes que el Señor la hizo, así en mostrarle algunos secretos del cielo, como otras grandes visiones y revelaciones que Su Majestad tuvo por bien viese. Dice los efectos con que la dejaban y el gran aprovechamiento que quedaba su alma”.

Teresa ya entra en materia inmediatamente “cuando el Señor quiere, poco aprovechan estas diligencias. Estuve así bien poco, y vínome un arrebatamiento de espíritu con tanto ímpetu que no hubo poder resistirle. Parecíame estar metida en el cielo, y las primeras personas que allá vi fue a mi padre y madre” (1).

Es una profusión de episodios místicos, que no siguen un orden preciso, más bien parece que Teresa ha hecho un esfuerzo por recordar episodios de años anteriores. Algunos episodios se pueden datar. Teresa termina la enumeración con cierta reticencia “no quiero decir más de estas cosas, porque –como he dicho-no hay para qué, aunque son hartas las que el Señor me ha hecho merced que vea” (32).

Los estudiosos de Teresa nos dividen el capítulo en cuatro partes, los números 1 al 7 y 12 al 15, nos presentan un grupo de gracias y sus efectos; los números 8 al 11 una gracia Pentecostal; entre los números 16 al 18 nos presentará la visión de la Humanidad de Cristo y las gracias eucarísticas; para terminar entre los números 23 al 32 nos relata gracias acerca de otras personas.

Así Teresa va desgranando experiencias y los va como catalogando según los efectos, que en el fondo no son más que los criterios que le sirven para discernir lo bueno de lo malo de sus vivencias, o el impacto que producen en su alma. Algunas pinceladas del alma de Teresa

En Teresa el “horror” se traduce en estupor y asombre. Ella se dice “espantada” de lo que experimenta. Podemos decir que ella con este término indica el colmo del asombro, al mismo tiempo que queda fascinada por la hermosura del Resucitado.

Estas experiencias le llevan a hacer ponderar los valores de la vida, los que recibe de Él, y van perdiendo vigor aquellos terrestres, como ya vimos en el capítulo anterior “yo estaba riéndome entre mí y habiendo lástima de ver lo que estiman los hombres, acordándome de lo que nos tiene guardado el Señor” (4).

Pro ya lo veíamos desde el principio, todas esas experiencias en Teresa acentúan el aspecto de sentir se mujer y ruin “una miserable como yo cargada de abominaciones” (21) Pero va superando los miedos “quedome también poco miedo a la muerte, a quien yo siempre temía tanto” (5).

Todas esas experiencias la llevan a querer compartirlas, pero siente dificultada para ello “quisiera dar a entender algo de lo menos, que entendía, y pensando cómo puede ser, hall que es imposible” (2).

Teresa nos deja entrever en estos números su nueva apertura a la belleza y su capacidad de maravillarse con ella “sólo mirar el cielo recoge mi alma” (6) También se acentúan las experiencias eucarísticas “cuando yo me llegaba a comulgar y me acordaba de aquella majestad grandísima que había visto, y miraba que era el que estaba en el Santísimo Sacramento, los cabellos se me espeluzaban, y todo parecía me aniquilaba” (19).

Teresa nos habla de tres grandes mercedes que el Señor le hizo, que por su trato y frutos queremos destacar por último:

Un Pentecostés personal de Teresa, nos lo cuenta en los número 9 y 10: “La víspera de Pascua del Espíritu Santo… Después de misa, fuime a una parte bien apartada… parecía que el alma se me quería salir del cuerpo… veo sobre mi cabeza una paloma bien diferente a las de acá… ya el alma estaba de tal suerte, que, perdiéndose a sí de sí, la perdió de vista”.

La segunda gran merced la tenemos en los números 17 y 18: “Estando una noche en oración… vi a la Humanidad sacratísima con más excesiva gloria que jamás la había visto… representóseme por una noticia admirable y clara estar metido en los pechos del Padre. Esto no sabré yo decir cómo… Es a mi parecer, la más subida visión que el Señor me ha hecho merced que vea, y trae consigo grandísimos provechos… Es una llama grande, que parece abrasa y aniquila todos los deseos de la vida”.

Teresa todavía continúa el capítulo con otros episodios y experiencias, que se que escribe por obediencia “diré pocas, por abreviar y por no ser necesario, digo, para ningún aprovechamiento” (25).

Así también nosotros dejémonos admirar por lo bello, como Teresa, que la naturaleza y las cosas celestiales nos lleven a mirar al “sólo Verdadero”.

Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010