Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos

Noticias

¡Releamos a Teresa de Jesús! Cap. 37

¡Aprendamos a nutrirnos cotidianamente de su palabra y a gozar de su compañía!

Con este capítulo 37 comienza la última sección del Libro de la Vida, que pareciera un anexo, después de la recomendación que daba al censor en 36,29, pero ha habido fuerzas internas, “mandado por el Señor” y fuerzas externas “lo han pedido vuestras mercedes” para que escriba estos últimos 4 capítulos. Terminará el capítulo 40 diciendo que “de esta manera vive ahora” (40,23). Nos encontramos con Teresa viviendo estos últimos años en San José, su palomar fundado entre los años 1562-1565, evocando todo lo que está viviendo en esos momentos, pero también hay una tensión escatológica, mirada hacia el futuro “dame consuelo oír el reloj, porque me parece me allego un poquito más para ver a Dios” (40,20).

Así el capítulo 37 “trata de los efectos que le quedaban cuando el Señor le había hecho alguna merced. Junta con esto harta buena doctrina. Dice cómo se ha de procurar y tener en mucho ganar algún grado más de gloria, y que por ningún trabajo dejemos bienes que son perpetuos”.

Así pues nos va a hablar de las grandes mercedes que Dios ha hecho en ella, “ha visto a Cristo y de verlo le ha quedado imprimida su grandísima hermosura”.

Podemos dividir también este capítulo en tres partes, en el número 1 nos introduce en el tema, por qué escribe sobre las “grandes mercedes”; los números 2 al 8 sobre la eficacia de las mercedes místicas y de la gracia cristológica; por último en los números 9 al 12 el contraste con los convencionalismos del trato social.

Teresa comienza con su reticencia a contar las mercedes, pero cómo lo hace por “mas por obedecer al Señor, que me lo ha mandado, y a vuestras mercedes, diré algunas cosas para gloria suya” (1). Así Teresa evoca aquellas experiencias primeras, que ya ha contado en los capítulos 27 y 28 para pasar a contar los efectos que le produce.

Resumiendo la gracia más importante de Teresa, es “de ver a Cristo” repetidas veces de una “grandísima hermosura” y que le queda imprimida, aún en el día en que escribe esto (4). El efecto primero de estas experiencias es que Teresa queda “con un provecho grandísimo”, “quedaba mi alma con alguna ganancia, y con algunas visiones quedaba con muy muchas” (4).

Su amor a Cristo ahora se humaniza y se centra sólo en Él (8). “Comenzóme mucho mayor amor y confianza de este Señor en viéndole”... “Veía que aunque era Dios, que era hombre, que no se espanta de las flaquezas de los hombres”… “puedo tratar como con amigo” (5); “con mirar vuestra persona, se ve luego que es sólo el que merecéis que os llamen Señor” (6).

Esta nueva actitud le hace vivir también un desatino “mas algunas veces desatina tanto el amor, que no me siento, sino que en todo mi seso doy estas quejas y todo me lo sufre el Señor” (9). Y vive también en una ignorancia, “yo no sabía cómo vivir, porque se ve una pobre de alma fatigada: ve que la mandan que ocupe siempre el pensamiento en Dios y que es necesario traerle en Él para librarse de muchos peligros” (10).

A partir de este número Teresa se embarca en una serie de digresiones, para hacer la crítica de las usanzas protocolarias en el trato social de su tiempo, y que había experimentado estando en la Corte. “Yo me santiguo de ver lo que pasa. El caso es que ya yo no sabía cómo vivir cuando me metí aquí” (9) “Yo no sé en qué ha de parar, porque aún no he yo 50 años, y en lo que he vivido he visto tantas mudanzas que no sé vivir” (11), por lo que ella llegará a afirmar “yo he lastima a la gente espiritual, que está obligada a estar en el mundo” (11) haciendo una referencia al protocolo cortesano.

Por último los estudiosos se preguntan por qué Teresa hace esta incursión en este tema. Sabemos que Teresa le gusta el trato con Dios y con las personas, por eso termina haciendo esa comparación, en el fondo Teresa presenta la farsa del “trato” en la sociedad marcada con las cosas externas, protocolos, normas y queriendo destacar que lo importante es tratar con Jesús “puedo tratar como con amigo, aunque es Señor” (5). Y es aquí donde reside la novedad de Teresa, presentar esta nueva relación humana, cercana y sincera con Dios, que la transforma y hacer vivir de otra manera.

Teresa quiere disculparse por esta digresión, “mas ¡en qué boberías me he metido! Por tratar en las grandezas de Dios he venido a hablar de las bajezas del mundo” (12).

Preguntémonos también nosotros ¿cómo tratamos con ese Amigo, que nunca falla?

Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010