Ante la celebración, en el primer domingo de julio, de la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones queremos invitar a los cristianos, a sus comunidades y a la sociedad en general a fijar la atención en el significado y la importancia de la conducción, que se ha convertido en un hecho habitual en nuestra vida cotidiana.
El lema elegido para este año, Caminos de esperanza y de seguridad, nos ofrece la ocasión para nuestra reflexión.
En estos días del verano, millones de personas se desplazan de un lugar a otro para iniciar sus vacaciones o regresar de las mismas, sin olvidarnos de los que diariamente lo hacen por motivos laborales y sociales.
Pues bien, es evidente que cuando nos ponemos en camino, tenemos la esperanza de llegar felizmente a nuestros destinos. Pero esto, desgraciadamente, no siempre sucede así.
Para que la esperanza de llegar al destino no quede frustrada, es necesario, por una parte, poner en juego cuanto esté de nuestra parte en pro de la seguridad de las personas que viajan en nuestro vehículo y en los de los demás. Por otro lado, no podemos olvidar la naturaleza de la propia virtud de la esperanza en relación con la conducción, tal como nos recuerda el Pontificio Consejo de Migrantes e Itinerantes: «La esperanza es otra virtud que debe distinguir al conductor y al viajero. Todo el que comienza un viaje, en efecto, sale siempre con una esperanza, la de llegar seguro al destino, para hacer negocios o gozar de la naturaleza, visitar lugares famosos o que despiertan recuerdos, o abrazar de nuevo a las personas queridas. Para los creyentes, la razón de esa esperanza, incluso teniendo en cuenta los problemas y los peligros de la carretera, se funda en la certeza de que, en el viaje hacia una meta, Dios camina con el hombre y lo preserva de los peligros. En virtud de esta compañía de Dios y gracias a la colaboración del hombre, el viajero llegará a su destino».
La Jornada de Responsabilidad en el Tráfico debe ayudarnos a ser sensibles a este designio de Dios para poderlo llevar a cabo no sólo en esta época de verano sino en cada uno de los días del año.
El Papa Benedicto XVI nos decía el año pasado que hay que «reiterar una vez más el deber para todos de la prudencia en la guía y en el respeto de las normas del código vial. ¡Unas buenas vacaciones comienza precisamente por esto!».
Madrid, 4 de julio de 2010
Los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones
Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010