Una semana más nos acercamos a las páginas de Teresa, en este nuevo capítulo “prosigue en la materia comenzada y dice cómo se acabó de concluir y se fundó este monasterio del glorioso San José y las grandes contradicciones y persecuciones que, después de tomar el hábito las religiosas, hubo y los grandes trabajos y tentaciones que ella pasó, y cómo de todo la sacó el Señor con Vitoria y en gloria y alabanza suya”.
En el texto que tenemos delante vemos como cuatro relatos o niveles, unos textos muy personales de Teresa, otros textos de las dos comunidades La Encarnación y San José, también aparece la ciudad de Ávila, y viene por último la crisis de Teresa y el goce en la nueva fundación.
Es otro capítulo con muchos personajes, Teresa, las jóvenes monjas de la fundación, la comunidad de la Encarnación, el Provincial, el cuñado de Teresa, Juan de Ovalle, el Caballero santo, Ibáñez, Daza, Gonzalo, fray Pedro de Alcántara, el Obispo de Ávila Álvaro de Mendoza.
Podemos datar cronológicamente este capítulo y estaríamos hablando de los meses de julio a noviembre de 1562.
Podemos dividir nuestro texto de la siguiente manera: los número 1 al 4 Teresa regresa a Ávila, los números 5 al 10 la fundación del nuevo convento, entre los números 10 al 14 se nos narra el regreso de Teresa a su comunidad de la Encarnación, los número 15 al 22 la reacción negativa de los abulenses, y por último los números 23 al 29 Teresa regresa a la nueva fundación de San José.
Así Teresa se pone en camino, y como dice ella “determinándome a pasar todo lo que el Señor fuese servido muy con toda voluntad” (1). A la llegada a Ávila se encuentra con el Despacho de Roma “la noche misma que llegué a esta tierra, llega nuestro Despacho para el Monasterio y Breve de Roma, que yo me espanté y se espantaron los que sabían la priesa que me había dado el Señor a la venida” (2). Con este documento fundacional y la ayuda de fray Pedro de Alcántara convencen al Obispo para que se admitiese el monasterio. “Todo se hizo debajo de gran secreto, porque a no ser así no se pudiera hacer nada, según el pueblo estaba mal con ello” (3).
Escribe entonces Teresa “pues todo concertado, fue el Señor servido que, día de San Bartolomé, tomaron el hábito algunas y se puso el Santísimo Sacramento y con toda autoridad y fuerza quedó hecho nuestro monasterio” (5).
Teresa vive en plenitud este momento “pues fue para mí como estar en la gloria ver poner el santísimo Sacramento… también me dio gran consuelo haber hecho lo que tanto el Señor me había mandado y otra iglesia en este lugar, de mi padre glorioso San José, que no la había” (6).
Esta paz interior le dura poco a Teresa, “acabado todo, sería como desde a tres o cuatro horas, me revolvió el demonio una batalla espiritual… púsome delante si había sido mal hecho lo que había hecho, si iba contra obediencia…” (7). Teresa consigue serenarse cuando “prometí delante del Santísimo Sacramento de hacer todo lo que pudiere para tener licencia de venirme a esta casa… prometer clausura” (9).
Pero siguió también la contradicción y persecución exterior, primero sus mis hermanas de comunidad “se había sabido en mi monasterio y en la ciudad lo que estaba hecho, había en él mucho alboroto… luego la prelada me envió a mandar que a la hora me fuese allá… con tener creído luego me habían de echar a la cárcel” (11). Se sosiega la cosa invocando al Provincial para que mediase en la causa (12). El Provincial no hallando nada en contra, “prometió en sosegándose la ciudad, de darme licencia que me fuese a él” (14).
La persecución más recia será desde la ciudad “desde a dos o tres días, juntábanse algunos de los regidores y corregidor y del cabildo, y todos juntos dijeron que en ninguna manera se había de consentir” (15). Tal fue el problema que se traslado el pelito al Consejo Real de Madrid. (17)
Toda esta persecución “duró esta batería casi medio año” (18). Teresa dirá “espantábame ya de lo que ponía el demonio contra unas mujercitas y cómo les parecía a todos era gran daño para el lugar solas doce mujeres y la priora” (19).
Los números 19 al 22 nos presentan otra razón para el pleito como es la fundación sin renta, y cómo se va solucionando apoyada Teresa por gracias místicas (24) y los efectos de esa fundación “tomáranse más monjas, y comenzó el Señor a mover a los que más nos habían perseguido para que mucho nos favoreciesen e hiciesen limosnas” (24).
Por último Teresa nos regala muy concisamente las líneas maestras de la reforma:
- “Solas doce mujeres y la priora, que no han de ser más y de vida tan estrecha” (19).
- “Guardamos la Regla de nuestra Señora del Carmen y cumpliendo ésta sin relajación” (26).
- “La soledad es su consuelo. No es su lenguaje otra sino hablar de Dios” (26); “Solas con Él solo” (29).
- “Vivir de limosna y sin demanda” (29).
Para terminar Teresa se dirige a su interlocutor y le emplaza “pido yo a vuestra merced por amor de Dios que, si le pareciere romper lo demás que aquí va escrito, lo que toca a este monasterio vuestra merced lo guarde y, muerta yo, lo dé a las hermanas que aquí estuvieren” (29).
Todos los esfuerzos de Teresa tienen un objetivo “Señor, esta casa no es mía: por Vos se ha hecho…” (17). Y todo lo que hacemos nosotros ¿por quién lo hacemos?
Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010