Peregrinación de la Familia Carmelitana de Calahorra
(Viernes, 11)
Comienza el día entre la ilusión y la incertidumbre. Ilusión por compartir un día de convivencia con un grupo de hermanas pertenecientes a la Familia Carmelitana y la incertidumbre provocada por los pronósticos de “El Tiempo”. ¿Lloverá? ¿Hará frío?
Este año, el curso que termina, lo clausuramos con una peregrinación a Roncesvalles. Lógicos nuestros temores ante el clima.
A las 9 tenemos marcada la salida desde la estación de autobuses. Poco a poco vamos reuniéndonos. Maruja nos recibe a todas y a cada una en particular. Es sorprendente su capacidad organizativa y cómo “está en todo”. Aunque también hay hombres en los Grupos, hoy peregrinamos casi 60 mujeres y un “valiente”: el P. Victorino, el Prior del Carmen. Estamos contentas de que, este año, pueda acompañarnos.
Iniciamos el viaje con una pequeña oración: un salmo, cantos, alabanza… Siguen sorteos, bromas, una parada necesaria, ya que la distancia es larga, y, por fin llegamos a Roncesvalles. Son las 12. Primera sorpresa: el sol luce con todo su esplendor entre blancas nubes, pero, a la sombra, el viento es frío. Allí nos espera el P. Provincial, nuestro querido P. Viguri y el P. Álvaro con un misionero de Malawi. La segunda sorpresa: nos encontramos a Patxi. Está allí como canónigo y es un antiguo conocido ya que, en la década de los 80, estuvo como novicio carmelita en Calahorra. Dios lo llevó por otros caminos, pero nos lo puso aquí para que hoy encontremos toda clase de facilidades. Con una gran amabilidad, nos acogió y nos abrió las puertas de “su casa”.
Comenzamos con una eucaristía a los pies de la Virgen de Roncesvalles; una preciosa talla, rodeada por unas bonitas vidrieras. Presidió el P. Viguri, concelebraron los otros sacerdotes y Patxi tocó el órgano; lo que le dio gran solemnidad.
Al finalizar, el P. Jesús, uno de los sacerdotes del lugar, nos dio una interesante charla sobre la historia de Roncesvalles. De allí, pasamos a unas dependencias de la Colegiata, para comer. Como siempre comida fraternal, compartida y muy abundante. Esta vez tuvo un final especial. Como el próximo domingo es el cumpleaños del P. Viguri, con el “Cumpleaños feliz” y un pequeño obsequio, hubo una tarta con unas velas del número 25… Los años que hace que lo conocemos…
El clima no nos defraudó. Durante la comida y los cantos, chistes y bailes, estuvo lloviendo sin parar; pero, cuando nos dispusimos a salir, el sol vino a despedirnos.
El viaje de vuelta fue más tranquilo porque veníamos cansadas. Pero Maruja, incansable, siguió animando y dirigiendo todo. Debemos dar las gracias a ella y a los Padres que nos dedicaron una parte de su tiempo para pasar el día con nosotras.
Pilar
Provincia de San Joaquín de Navarra. Carmelitas Descalzos. 2010